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Paolo Cella

Paolo Cella

Periodista Deportivo

Jueves, 21 Octubre 2021 00:09

Un presidente en apuros

Tras especular con un interinato hasta diciembre de 2021 con Claudio Úbeda al frente del equipo para tomarse tiempo de elegir la opción más potable, Víctor Blanco no esperó al próximo cabildo abierto en Avellaneda y contrató un entrenador. Fernando Gago será el nuevo director técnico de Racing hasta fines de 2022, si los resultados acompañan. Una apuesta arriesgada como resultado de la improvisación que vivió el fútbol profesional del club este año.


A principios de 2021 los dirigentes del fútbol argentino no imaginaban el regreso del público a los estadios. Adormecidos en sus tareas, con el piloto automático puesto y sin otro vínculo con la gente que las redes sociales, patearon todos los asuntos impostergables hacia adelante. Con el regreso de los hinchas los reclamos salieron a flote y en Racing particularmente un par de partidos sirvieron para acelerar el curso de las cosas.

Blanco se encerró en su mundo imaginario, donde Racing jugaba bien y tiene un buen plantel. Luego de esquivar la responsabilidad de echar a Pizzi tras el papelón en la final ante Colón tras una final perdida (sin contar la de River por la Supercopa) y un torneo donde el equipo llegó a la final sin patear al arco, dejó a Úbeda sin tomar nota de la pérdida de tiempo y prestigio que representó cada uno de los partidos que el equipo jugó y en donde continuó dando muestras de una pendiente de rendimiento que no tenía freno.

Asustado o despabilado tras el empate ante Estudiantes y la derrota contra Platense, que puso al día los reclamos del hincha tras 18 meses de quejas por redes sociales, Blanco asumió cierto grado de compromiso con la realidad. El  equipo se sostiene apenas en puestos de Copa Sudamericana y si no fuera por la cantidad de equipos que compiten en la liga local su posición sería más alarmante. El comando deportivo de Capria y Jiménez no dio resultados y la factura por empujar a Diego Milito al retiro del club se la quieren cobrar al Presidente.

En apenas cuatro días Fernando Gago se convirtió en el nuevo entrenador de Racing hasta diciembre de 2022, si los resultados lo acompañan. Tras un ciclo de 26 partidos en Aldosivi, con siete victorias, tres empates y 16 derrotas, su llegada responde más a una necesidad de cambiar la energía que a una decisión tomada desde la convicción. Por más saludable que haya sido el inicio del ex entrenador del Tiburón en Mar del Plata desde lo conceptual, esta convocatoria es absolutamente un acto de desesperación por salir de inmediato del sendero de errores que esta dirigencia viene cometiendo desde finales de 2020.

Gago tendrá además una tarea difícil de aquí al final del torneo. Primero deberá sortear un fixture por demás exigente mientras intenta mejorar una nómina que no tiene puntos altos en lo que va del año y con la cual el flamante entrenador deberá resolver la urgencia más inmediata: meterse de mínima en la próxima Copa Sudamericana, plaza que aún conserva. Luego deberá persuadir a varios elementos del plantel, cuyo futuro es incierto, para que continúen; y trabajar con Blanco y quienes tomen decisiones para mejorar sustancialmente un plantel de poco relieve que precisa con urgencia una renovación de calidad.

Sus ideas podrán ser las mejores e incluso estar dentro de lo que muchos consideran el ideal para una institución grande como Racing. Pero tomar ese puñado de partidos en Aldosivi como el postulado de Gago como entrenador es un error. Es impreciso sostener que aquello es lo que imagina el ex futbolista de Real Madrid para la Academia por aquél fugaz estreno.

Gago es una apuesta como lo hubiera sido Mascherano. Quizás un entrenador con más horas de trabajo al frente de un plantel hubiera sido lo ideal, teniendo en cuenta el contexto que atraviesa Racing y sus urgencias. Situación que por cierto es de absoluta responsabilidad de Blanco y compañía, que en la comodidad de la ausencia de público, jamás imaginaron un escenario como este.

Para Fernando Gago solo queda desear la mejor de las suertes. Racing necesita retomar el sendero de la estabilidad deportiva, con signos vitales de competitividad, algo bastante lejano en este 2021. No es la opción imaginada por quien escribe estas líneas para dar el golpe de timón que Racing precisa, pero la decisión ya está tomada.

Por último y no menos importante, Gago será el último de los responsables de lo que suceda de aquí al final del año. Son Blanco y sus pares de comisión directiva, más Rubén Capria, los culpables de este presente desvirtuado de toda grandeza. Háganse cargo de una vez de las cosas y sobre todo dejen trabajar en paz a quienes contratan. No como Beccacece y Pizzi que, errores al margen, fueron víctimas de las internas dirigenciales.

Gago es la opción más a mano que encontró Blanco para resolver ya la necesidad de contratar un entrenador, situación que dilató amparado en su conformidad. Así como eligió quedarse con estructuras de trabajo añejas para romper un camino de previsibilidad a finales de 2020, ahora decidió apurado por el riesgo de seguir perdiendo el capital político que supo construir años atrás.

El vamos viendo constante ya no sirve. Ojalá Gago sea la solución para tanta improvisación.

Paolo Cella

@EspeRacinguista

@Paolo_Cella

Jueves, 23 Septiembre 2021 20:28

La comodidad desespera

Racing quedó eliminado de la Copa Argentina y su andar deportivo en este 2021 continúa en picada. Con un plantel de vuelo bajo, sostenido por los emblemas del ciclo Coudet que mantienen la competencia digna, la Academia detonó su estabilidad deportiva. Otra vez Lisandro López le puso realidad al presente con sus declaraciones pos partido. Quede esperar ahora si el Presidente toma nota de esto o sigue refugiado en su círculo íntimo. Como suele suceder en este país, el poder obnubila. Blanco declara cosas que sólo él y su séquito observa, mientras el prestigio se diluye.


"Es un buen momento para trabajar, ir para adelante y en diciembre hacer una autocrítica de parte de todos los que estamos en Racing para no quedarnos en la comodidad que genera un poco el club. Me molesta sentirlo y decirlo". Esta declaración de Lisandro López pinta de cuerpo entero el presente. Comodidad. Descripción mas real sobre el camino que eligió Blanco, no se consigue. De aquella frase de Milito, "la inversión no es un gasto", pasaron 10 meses. El presidente no reacciona. Dejó puesto el piloto automático.

Quizás avalado por ese 72% de votos, sobre un padrón concurrente escaso, creyó que todo estaba bien. Ese porcentaje, legítimo, es sobre la base de una elección realizada en pandemia, con restricciones y todo lo que la situación sanitaria implicaba en aquel diciembre. 

 

Juntó voluntades en su lista, armó un stock de gente que necesita ser parte de la comitiva que viaja a todos lados mientras el socio e hincha miraba por televisión. Empujó con sus decisiones la salida de Diego Milito, quién con aciertos y errores trazó un camino más contemporáneo para pensar destinos deportivos. Hoy, mientras los clubes buscan profesionalizar áreas de trabajo, incorporar metodologías que incentiven la competencia hacia arriba, con astucia y adaptándose a los tiempos que corren, sobre todo económicos, Blanco se pegó a las viejas costumbres de la política deportiva.

 

Nunca creyó en la figura de manager, secretario técnico o asesor deportivo. Milito fue, en consonancia con el arribo de Coudet, una respuesta políticamente correcta a la demanda popular de sumar al ídolo, ya retirado, a la cocina deportiva. La convivencia entre el 22 y Chacho no siempre fue armoniosa, pera la tensión entre ambos proyectó a Racing hacia arriba. No coincidían en todo, pero Coudet, sabio del paño futbolero que transitaba, y Milito, caminaron igualmente a la par con un mismo objetivo: poner a Racing lo más alto. Con aciertos y errores, fueron tiempos de competitividad.

 

La pandemia detonó los planes de todos. Sin competencia, el 2020 se agrupó en pocos meses y muchos partidos. Beccacece no logró trascender la frontera de los cuartos de final de la Libertadores y en el ámbito local fue penoso su desempeño. Pero el ahora entrenador de Defensa y Justicia y Pizzi tuvieron algo en común. Uno, elegido por Milito, y el otro convocado por Capria, fueron víctimas del desgaste que ese grupo de gente elegida por Blanco para rodearlo les propinaron. Con operaciones de prensa después de cada derrota o en el día a día.

 

Mientras todo eso sucedía, el presidente no parecía meterse de lleno en la realidad. Dejó prestado el mando en sus pares de comisión directiva y se aferró fuerte a esa comodidad de la que habló Lisandro López luego de la eliminación en la Copa Argentina. Tanto tiempo comparándose con tiempos lejanos de angustias deportivas y económicas, que el temor por soltar un peso en búsqueda de algo nuevo o superador los atrapó. 

 

Luego de años de recaudaciones generosas por ventas de futbolistas el club no presenta obras que permitan vislumbrar un horizonte de crecimiento. Mientras en primera o el ascenso se inauguran predios o remodelan canchas, Racing va por un ascensor. Las demandas en infraestructura se acumulan y el tiempo pasa. Deportivamente el ingreso a copas, otra máxima del blanquismo explícito, pende de un hilo. La tabla anual hoy nos encuentra en la cornisa para acceder a la Copa Sudamericana. Para Racing, ese objetivo es un castigo. Pero claro, como "antes estábamos peor", puede ser que participar sea un logro en las filas oficialistas.

 

Así esta Racing hoy. Con un entrenador interino que "nos da una mano" (lo dijo Blanco), un plantel con seis o siete futbolistas heredados del ciclo Milito - Coudet que empiezan a despedirse del club por necesidades económicas y ambición deportiva y una pausa en la toma de decisiones que alarma a todos, o casi todos. Úbeda y Capria son un decorado pasajero de este presente y quedan al margen de grandes evaluaciones. Su presencia se entiende sólo por aquél recuerdo nostálgico de tiempos pasados y un vínculo afectivo que Racing sostiene. Caerles a ellos hoy es desviar el foco de los verdaderos responsables: los dirigentes.

 

El regreso del público a los estadios está cada vez más cerca. Quizás esa sea la alarma del despertador que precisa Blanco para reaccionar. El termómetro de la gente que va a la cancha no es lo mismo que aquél que lo votó. El presidente consumió mucho de su capital político, que por mérito propio construyó, apoyándose en estructuras viejas. Dejó puesto el piloto automático, esperando tal vez, que las cosas se acomoden en algún momento.

 

Deportiva e institucionalmente Racing se quedó en aguas estancadas. Con el riesgo que eso supone, porque lo que se estanca se pudre.

 

Paolo Cella

 

@EspeRacinguista

 

@Paolo_Cella

Miércoles, 18 Agosto 2021 19:50

No lo dejen solo

El presidente de Racing tuvo una desafortunada declaración el fin de semana. Otra vez asoma la inquietud acerca de si tiene a su alrededor gente capaz de llevarle una agenda que le evite tamaños desatinos. O si se trata lisa y llanamente del verdadero sentir de Víctor Blanco, ahora que tiene por delante tres años de gestión sin un horizonte eleccionario que lo condicione. Capaz de caminar por la avenida del medio durante tantos años, y vaya que lo hizo con méritos, esta versión asoma bastante soberbia en comparación con el dirigente que solía mostrarse componedor. La frase además lo hizo quedar en ridículo. La gente de Racing en sus peores momentos fue la que sostuvo al club y lucía con orgullo sus colores. 

 


 

 

El año 2001 fue la liberación para toda una generación que caminó los 35 años de penumbras. El descenso en 1983, una vergüenza mayúscula en lo deportivo para un club del tamaño de Racing, fue otro cachetazo a aquella realidad que no parecía dar tregua. Aquella conquista de 1988 en la Supercopa fue un oasis en el desierto. Padres que vieron la gloria absoluta con el equipo de José conocieron también lo peor. Pero ninguno dejó de transmitir la pasión por los colores. Esos padres tuvieron hijos, los llamados "hijos de la resistencia". Los sub 40, acumuladores de derrotas, destierros, alquileres y descenso. Ninguno dejó de lucir los colores o seguir trasladando la pasión de generación en generación.
 
Pero el título con Mostaza, aquél caótico diciembre de 2001, no sería la última vez que Racing coquetearía con el desastre. Se fue el gerenciamiento dejando tierra arrasada, el equipo hizo equilibrio en primera, recuperó la democracia y sus dirigentes adolescentes se pelearon como si el club fuera un juguete propio. Nadie dejó de transmitir la pasión por Racing. Habría que preguntarles a aquellos que se encadenaron a la sede de Villa del Parque para evitar el remate, o a los que creyeron que ese terreno se podría convertir en el Predio Tita, si lo hacían porque sí, o era el orgullo de ser hinchas de Racing lo que los mantenía firmes en aquellas causas que son dos pinturas del amor que el hincha tiene por este club.
 
Cuando nuestro compañero Ariel Gutiérrez abordó a Blanco para entrevistarlo en cancha del Deportivo Español, en ocasión de la presentación del primer equipo de fútbol femenino, sucedió lo que muchas veces ocurre con los dirigentes deportivos de la Argentina. Al no estar en su zona de confort, donde las preguntas son autopistas de publicidad, contestan sin terminar de poder darle forma a su idea. Esto es lo que le sucedió a Víctor Blanco. Seguramente hoy este arrepentido de una de las burradas más grandes que declaró siendo presidente de Racing.
 
Lo que le pasó a Blanco no es ni más ni menos que lo que venimos contando en Esperanza Racinguista. La acumulación de gente que le dice todo que sí, que no lo cuestiona en el foro interno, provoca estas barbaridades. Un presidente de Racing diciendo que antes "costaba ponerse la camiseta", es de las brutalidades dialécticas más destacadas de los últimos años. 
 
Blanco anda repitiendo que fue ratificado por los socios mayoritariamente. Y tiene razón. Pero omite que lo hizo en pandemia, con la concurrencia más baja de las últimas elecciones. No produjo la renovación de dirigentes que se debía realizar, acumuló gente de todos los espacios en pos de la "pluralidad" pero lo que hizo fue darles protocolos a los quejosos. La oposición tampoco ayudó a subir la calidad de propuestas y aquí estamos. El hombre suelto de cuerpo, sin medir sus palabras ni siquiera para cuidar su capital político.
 
Logró despertar al menos, en redes sociales, una catarata de fotos de gente con la camiseta de Racing, en cualquier lugar y circunstancia, para mostrarle al presidente lo alejado de la realidad que está actualmente. Un presidente que sigue poniendo el punto de comparación, para justificar este presente, con los peores años de Racing. Una constante meseta de conformismo que no es exclusiva de Blanco. 
 
Un presidente que tiene entre sus méritos haber ordenado el club, erosiona su capital político con estos dichos. Venía de elegir a la vieja escuela de dirigentes por sobre Milito, un ídolo. Sigue aferrado a la comparación con tiempos pasados y para colmo ahora declara esta barbaridad. 
 
Ojalá alguien le acerque un poco de autocrítica para hacerle notar lo distante que esta del sentir del hincha. Porque los que siguen colgados del protocolo no le van a decir otra cosa que "sí presidente, usted es el mejor, siga así".
 
Paolo Cella
 
@EspeRacinguista
 
@Paolo_Cella
 
Lunes, 09 Agosto 2021 18:08

Detrás de Pizzi talan el bosque

Juan Antonio Pizzi dejará de ser el entrenador de Racing tras la derrota en el clásico de Avellaneda. Las razones futbolísticas están a la vista pero son apenas una parte del desconcierto deportivo que transita la Academia. La decisión de apartarse a fines de 2020 de un camino más elaborado, concluyó en este presente. Un año desperdiciado por acomodar a todos dentro de un espacio para no incomodar a nadie. Blanco perdió su mejor cualidad: la capacidad de  salir siempre bien parado. Pizzi es el árbol, detrás están talando el bosque.


La salida del ahora ex entrenador de Racing fue un asunto de casi todos los meses en este 2021. La final perdida ante River en Santiago del Estero marcó la primera oleada de rumores. Elegido por el asesor Rubén Capria, con poco plafón para soportar una cadena de malos resultados, apenas bastó ese porrazo para ver amenazado su trabajo. Durante la Copa de la Liga sobrevivió a un par de sofocones y se metió en la final sin patear al arco. Avanzó en la Copa Libertadores y así postergó una evaluación que fuera más severa que los números de una placa de televisión.

Sin dar un paso hacia adelante desde lo futbolístico en ocho meses, el equipo jamás tuvo una nota de autor. No invitaba a sentarse delante de la televisión para ver un partido esperando algo distinto. Apagó la llama de la ilusión y eso que jugó dos finales. En las dos ocasiones fue superado sin oposición y dejando mucho que desear, sin dar la talla en cada uno de esos escenarios. Se sobrepuso siempre a cada punto de quiebre con una racha de triunfos que solo lo hacían crecer en la tabla, no en la consideración del público.

Pero para que exista un Pizzi antes hubo un Blanco dialoguista, con temor a romper estructuras del pasado y sosteniendo a viejos pares de ruta con mañas del pasado, ególatras de playón. Entregó el manejo del fútbol profesional a Miguel Jiménez, Capria y algún representante con futbolistas que precisaba cotizar. En el mismo club donde su tesorero asegura que se perdieron 12.000 socios por la ausencia de público en las canchas y la pandemia, se trajeron jugadores a préstamo con opciones inviables para el mercado local y la billetera de Blanco.

En diciembre había un plan. Con Milito o sin él, el club había montado una estructura de trabajo capaz de detectar oportunidades, seleccionar los elementos que faltaran para completar un plantel y maridar necesidades para darle forma a esa nómina. Ese plan permitía, entre otras cosas, saber si faltaba un cinco y sobraban dos laterales derechos, uno de los cuales estuvo fuera de los campos de juego por lesiones más de la mitad de los partidos en los últimos dos años. Pizzi pidió un cinco, hizo regresar a Kevin Gutiérrez, lo usó un puñado de partidos y luego los fue desplazando sin dar explicaciones. Con estructuras de trabajo más armoniosas, estas cuestiones (o la de Cuadra por citar otro ejemplo) serían evitables.

Pizzi se irá y el foco será puesto en lo futbolístico hasta la contratación de un nuevo entrenador. Así podrán disimular, Blanco y sus pares, los desatinos que fueron cometiendo hasta llegar a este punto. Sostuvieron a un entrenador más allá de lo debido. Lo operaron igual que a Beccacece (y Milito) porque no fue elegido por ellos en consenso. Rompieron el capital que supieron construir en 2019 con una velocidad asombrosa. Se anclaron mediante un acto eleccionario hecho en pandemia, con pico de contagios y sus complejidades, para sostener que el socio los acompaña.

La soberbia suele meter la cola como el diablo. Tras una asamblea donde repasaron hechos de 2009 para encontrar algún ladrillo sobre el cual construir el relato, lo deportivo los expuso nuevamente.

Hay que esperar a que Víctor Blanco asuma su presidencia tras prestarle el juguete a sus pares de lista y realice una autocrítica inédita. Deberá reconocer que caminó por la avenida del medio y se dejó llevar por aquellas voces que engordan el ego. Los dueños del playón deben agradecer que el público aún no pueda asistir a los estadios. Le temen a la opinión de los días de partido.

Se quedaron con aquél video del campeonato en 2019. Nunca apostaron a ir por más, renovar energías. Participar en lugar de competir, la inversión pensada como gasto. La meseta que los absorbió en un micro clima insoportable hasta convertirlos en un grupo selecto, alejado del sentir de la gente. Son escribas de su realidad, una realidad reflejada en un espejo que de tanta tierra acumulada ya no los deja ver ni siquiera en lo que se convirtieron. 

Transitamos un año desperdiciado por acomodar a todos dentro de un espacio para no inquietar a nadie. Blanco perdió su mejor cualidad: la capacidad de  salir siempre bien parado. Pizzi es el árbol, detrás están talando el bosque.

Paolo Cella

@EspeRacinguista

@Paolo_Cella

Miércoles, 21 Julio 2021 12:43

Otro año de ver que pasa

Eliminado Racing de la Copa Libertadores, se despertaron los reclamos. Otra frustración en el plano continental, durante el período de mayor estabilidad económica y deportiva de los últimos años. Pero sería injusto no reconocer que algunos teníamos la sensación de que tarde o temprano esto sucedería por decantación. Un ciclo que empezó sin consenso, no encontró nunca un patrón que identifique virtudes. Cayó con la suya, sin dar la talla, sin oposición. Como la conducción política tras años de letargo.


 

Podríamos teorizar largo y tendido sobre los defectos del ciclo que tiene por ahora como conductor a Juan Antonio Pizzi. Desde la conformación del plantel, características de los jugadores, roles cubiertos, espacios despoblados y demás cuestiones vinculadas a la estructura de una nómina. Con carencias notables, aún así insistió con sus formas. Entonces encontramos que nunca el equipo evidenció, en estos 28 partidos desde aquél debut ante Banfield en el Florencio Sola a esta derrota ante San Pablo, una línea futbolística.

 

Podríamos charlar en extenso sobre si Rubén Capria tiene la preparación para ocupar el rol que se le asignó, de asesor, o como lo quieran llamar. Seguramente podrá esgrimir en su defensa un recorrido académico que respalde su elección y a partir de ahí darnos las pautas de trabajo que imaginó para este primer año. Quizás pueda defender desde su área la política de altas y bajas, para así comprender mas el camino trazado rumbo al éxito, ese que todos imaginamos cuando iniciamos un nuevo proyecto.

 

Podríamos también subir un escalón mas en la estructura de trabajo y recalar en la dirigencia, portadora del voto societario para conducir el club. Incluso sabemos que Víctor Blanco es quien da la aprobación o no para cada decisión que se toma. Ellos tendrán sus motivos, sus excusas y las razones de porque se eligió este camino, de bajo vuelo, con escasa imaginación y ambición, amparados en la siempre presente comparación de “como estábamos antes” o “ahora participamos siempre”.

 

Pero lo único que esta claro es que este presente es consecuencia de una bola de nieve de ego que fue creciendo sin parar, con personas que se empezaron a encerrar en sí mismas, sedientas de voces aduladoras, sin que nadie los interpele hacia adentro, para revisar modos, formas y costumbres que los transformaron en patrones de estancia, con la actitud de quien se siente dueño. Se alejaron de la realidad, construyeron un grupo cerrado de voces y hacia allí marcharon.

 

Un grupo de dirigentes que desprecia las miradas nuevas, con equipos de trabajo que analizan el mercado para detectar oportunidades, trazar planes a largo plazo e intentar achicar el margen de error. Se volvió al teléfono de un representante amigo, la recomendación de un allegado y el ojo del dirigente. Casi todos los clubes del fútbol argentino arman estructuras de trabajo que sirven de soporte para el dirigente, para evitar que dilapiden el capital económico.

 

Este presente no debería sorprender. Pizzi será el fusible mas fácil de cortar para cambiar el aire y generar nuevas expectativas. Afuera de la Copa, el objetivo de todos los hinchas al menos, quedan la Copa Argentina y la Liga local para llegar a la Libertadores 2022 y participar. Al fin y al cabo, ese es el objetivo de Blanco y compañía, participar y ver que pasa.

 

Para jugar al fútbol se necesita audacia y ambición. Pizzi nunca la tuvo. Para dirigir un club también se precisan esas cualidades, entre otras. Blanco siempre caminó por espacios confortables, sin asumir tantos riesgos. Poniendo el punto de comparación a como se estaba antes, siempre se quedó anclado en ese lugar. Una parte de todo esto también nos corresponde a nosotros, los socios e hinchas, que en lugar de volcar nuestras inquietudes en participaciones masivas nos excusamos en el “y seguro gana, para que me voy a meter”.

 

Racing deja pasar otro tren para subirse de nuevo a la gloria, mientras otros al menos lo intentan aún con menos recursos. Las mismas voces, las mismas caras, los mismos fracasos. Seguramente ahora Blanco tomará el juguete que le prestó a Jiménez y Capria por un rato, e intentará acomodarlo a su gusto. Cocca y Coudet, sus elegidos, tuvieron ese respaldo. Cuando se marginó algo de la escena, hubo ruidos e interferencias por todos lados. Habrá que ver si cuando le devuelven el juguete no esta roto y es tarde para repararlo.

 

 

Paolo Cella

 

@EspeRacinguista

 

 

@Paolo_Cella

Martes, 29 Junio 2021 17:10

El Señor 5

Hasta luego, Chelo. El paso de Marcelo Díaz por Racing llegó a su fin. De las mejores prestaciones en el puesto en los últimos años. Un salto de calidad en un lugar de la cancha que había tenido hasta la irrupción del chileno dos referentes inmediatos muy distintos en cuanto a características. Mas allá de su inactividad en el último período, nadie podrá obviar su estadía en la Academia ni borrar lo que hizo. Dueño de una clase privilegiada para jugar en un lugar de la cancha donde el tiempo no abunda, pero él lo tenía siempre a su favor. 
 
Si el ciclo de Eduardo Coudet tuvo un rasgo distintivo fue eso de que "tener huevos" en el fútbol era pedir la pelota y animarse a jugar. A los equipos que logran trascender los resumen muchas veces su volante central. Aquella formación de Chacho que se quedó con la Superliga 18/19 sin discusiones tuvo en Marcelo Díaz la razón de su existencia. Desde que debutó en Paraná, frente a Patronato, nunca más el equipo pudo jugar sin él como lo hacía mientras el Chelo estaba en cancha. Se metió de lleno en el corazón de la gente dando clases abiertas de como jugar en la mitad del campo. Un antes y un después en ese rubro, al punto que hoy no surgió un reemplazante que aspire a tomar la posta.
 
Los dos antecedentes más cercanos en ese puesto que habían quedado en la retina fueron Adrián Bastía y Ezequiel Videla. Con otras características, los dos volantes fueron piezas fundamentales de los equipos que en 2001 y 2014 lograron los respectivos títulos de liga. Pero lo de Marcelo Díaz fue una variante superadora. Con equipos más predispuestos para la elaboración y la tenencia, el ex Hamburgo, Basel, Celta y Selección de Chile, se incorporó con absoluta naturalidad a la formación que Coudet fue moldeando. Incluso su irrupción mejoró a ese equipo que Chacho venía perfilando. 
 
Su salida, otra vez en medio de negociaciones con una dirigencia que estira los plazos hasta el final, deja un vacío que no es sencillo de reemplazar. No hay en el plantel un futbolista que pueda tomar la posta de ese lugar. Ni hablar de ejercerlo con una sabiduría parecida, ya que eso se adquiere con experiencia. Aquél 1º de noviembre de 2020 ante Atlético Tucumán jugó su último partido con la camiseta de Racing. Desde ese día nadie pudo disimular la ausencia del Chelo Díaz. No abundan esas cualidades en el marcado de pases tampoco, hay que decirlo. Mucho menos si la idea es invertir poco.
 
A pesar de todas las bondades que podamos reconocerle al chileno, su paso por la Academia quedará igualmente inmortalizado por aquél grito el 9 de febrero de 2020 en el clásico de Avellaneda. Con 9 futbolistas, pisando el área y poniendo un segundo de pausa cuando todo era tensión y nervios. El día de la banana, Marcelo Díaz tuvo su paso definitivo a la galería de los elegidos. Dio un pase a la red cuando cualquier otro mortal hubiera pateado cerrando los ojos y apretando los dientes. Un resumen perfecto de su paso por Racing: cerebral, con un sentido de la ubicación que le ahorraba tiempo y distancias en un fútbol absorbido por los gps y las estadísticas.
 
Racing deja ir, salvo que trasciendan las verdaderas razones de su salida, al mejor volante central de los últimos 30 años. Por calidad de minutos brindados, lo de Marcelo Díaz es una variante superadora en el puesto. Enseñó a pensar el juego desde otro costado, con movimientos que servían de guía para entender cómo, dónde, cuándo y porque de cada acción. Esa cualidad la podría haber seguido aportando aún mientras estuviera falto de ritmo. Pero se eligió otro camino. Díaz mejoraba a sus compañeros en el día a día, en la rutina de los ensayos, en las charlas previas de los partidos y ni hablar si lograba ponerse a tono.
 
Buen viaje Chelo, como usted mismo lo dijo, esta es su casa. Será un hasta luego.  
 
Paolo Cella
 
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Próximo Partido

Fecha 18

Equipo 1


Sábado, 23 Octubre 2021

20:15


Árbitro: Dario Herrera

TV: Youtube: Esperanza Racinguista

Torneo: Torneo Socios

Equipo 2

Último Partido

No levanta cabeza
Torneo: Torneo Socios 2021

Equipo 1
Equipo 2

Último Programa

Tabla de Posiciones

 

# Equipo Pts PJ PG PE PP GF GC DIF
1 River Plate 30 14 9 3 2 28 11 +17
2 Talleres (C) 29 14 9 2 3 22 13 +9
3 Estudiantes (LP) 26 15 7 5 3 24 15 +9
4 Lanus 26 14 8 2 4 24 20 +4
5
 
Velez
24 15 6 6 3 21 11 +10
6 Independiente 23 14 6 5 3 16 13 +3
7 Huracan 22 15 5 7 3 12 9 +3
8 Godoy Cruz 21 14 6 3 5 25 20 +5
9 Argentinos 21 14 5 6 3 12 8 +4
10 Boca Juniors 21 14 5 6 3 12 10 +2
11 Colon 20 14 5 5 4 10 15 -5
12 Racing Club 19 14 4 7 3 11 7 +4
13 Def y Justicia 18 14 4 6 4 16 12 +4
14 Union 18 15 5 3 7 15 20 -5
15 Rosario Central 17 15 5 2 8 20 21 -1
16 San Lorenzo 17 14 4 5 5 12 15 -3
17 Gimnasia (LP) 17 14 4 5 5 11 15 -4
18 Platense 16 15 3 7 5 17 19 -2
19 Sarmiento (J) 16 14 4 4 6 12 16 -4
20
 
Newells
16 15 4 4 7 16 22 -6
21 Atl Tucuman 16 14 4 4 6 12 18 -6
22 Patronato 15 14 3 6 5 10 14 -4
23 Banfield 14 14 2 8 4 10 13 -3
24 Aldosivi 13 14 4 1 9 16 26 -10
25 Central Cba (SdE) 11 15 2 5 8 15 22 -7
26 Arsenal 11 14 2 5 7 6 20 -14

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